sábado, 5 de enero de 2013

un happening

de la niebla de no sé qué sueño inútil me despierta de golpe un zumbido metálico, insistente y agitado. "¡Mierda, moscas!", pienso, y me levanto de un salto. No: ABEJAS. Colándose por una hendidura entre el techo y la pared de mi cuarto, justo sobre mi almohada.
Me pregunto si así empieza, de a poco, con disimulo, el fin del mundo.
O si será una cuestión personal, nomás.

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