lunes, 6 de agosto de 2012

me bajo en ésta


Cuando el colectivo frenó en el semáforo el hombre dejó su asiento, se acercó hasta el chofer, y díjole:
- ¿Me dejás bajar acá?
- Es en la otra cuadra la parada.
- Pero yo necesito bajar acá, ¿no me podés abrir? Si total está el semáforo             cortado, y estamos al lado del cordón.
- No viejo, no puedo. La parada es en la otra cuadra.
- Pero... si no me dejás acá, cuando baje voy a sufrir una combustión espontánea   y voy a morir calcinado.
El chofer lo miró, fastidiado:
- Mirá, yo estoy trabajando acá, así que no me rompas los huevos con boludeces.   Te bajás en la próxima como todo el mundo y se acabó.
El hombre, demudada su cara de tristeza, esperó junto a la puerta. El semáforo dio el verde y el colectivo arrancó, para frenar cien metros más adelante. El brazo hidráulico abrió la puerta. El hombre bajó, lentamente. Puso un pie sobre el pavimento, y cuando terminó de apoyar el segundo pie, su cuerpo entero se consumió en una gran llama incandescente que deslumbró por un segundo a los pasajeros del colectivo; un leve sonido ígneo acompañó el prodigio. Al concluir el fenómeno todo lo que quedaba era una pila de cenizas humeantes sobre el cemento, con algún que otro huesito, asomando.

Esa noche el chofer del colectivo lloró amargamente.

3 comentarios:

  1. Terrible texto. Permitime compartirlo, che. Está excelente.

    Avisame si tengo tu aval! Saludos!

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    1. ¡muchas gracias Matías! me alegro que te guste. Por supuesto que podés compartirlo, te pido nomás que atribuyas la fuente y me pases el link :)
      de curioso: ¿cómo llegaste hasta aquí?
      ¡saludos!

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  2. Tremendo cuento. Casi pude oler a ese hombre prendido fuego

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